—¡Ni loco que estuviera! Si me atrevo a preguntarle eso, María me mata sin pensarlo dos veces —respondí con determinación, rechazando de inmediato la absurda propuesta.
Alodia suspiró, algo frustrada:
—Ay, este hija mía… ¿no será que en realidad es indiferente? ¿Y si planea quedarse sola para siempre, sin pareja, sin llegar a casarse? Me da una pena terrible. Si nunca llega a experimentar lo que es estar con un hombre, eso sería muy triste.
—Cof, cof…
No pude contener una tos nerviosa. Esta muje