—¿Mamá, estás bien? —preguntó María, mirando de reojo a su madre con una expresión entre confundida y algo preocupada.
Por dentro, sentía un leve temblor en el pecho. ¿No se suponía que una madre debería preocuparse por el tipo de hombre con el que se involucraba su hija? ¿Por qué la mía parecía no darle la menor importancia? ¿Y por qué no se enojó, sabiendo que estuve con un hombre tan normal, tan… común y corriente?
Alodia, como si le leyera el pensamiento, respondió con soltura:
—Porque eso n