POV. Amelia
Cuatro meses después.
La luz suave de la tarde se colaba entre las persianas, derramándose en líneas tibias sobre la alfombra. La habitación olía a mi perfume, a algo dulce que Adrian había dejado preparado hacía un rato y a ese aroma cálido que ya reconocía como nuestro.
Me miré en el espejo del tocador, y la mujer que me devolvía la mirada era todo un espectáculo. Un espectáculo glorioso y redondo. Mi barriga, enorme y magnífica, se alzaba frente a mí como un monumento a la vida,