POV. Amelia
Bajé las escaleras con la sensación incómoda de no pertenecer del todo a ese lugar. El vestido me parecía frágil en exceso, como si pudiera romperse con un mal movimiento; los tacones, demasiado altos para alguien que necesitaba sentirse firme; el maquillaje, una capa ajena sobre mi piel. Cada escalón era un pequeño acto de voluntad, una coreografía ensayada que no terminaba de salir natural.
Cuando llegué al salón, el aire se me quedó atrapado en el pecho.
El espacio que horas ant