POV. Adrian
El sol de la mañana se filtraba con discreción a través de las pesadas cortinas, rompiendo la penumbra en líneas de luz dorada que se deslizaban sobre el parquet de roble pulido, impecable, silencioso. Aun así, no fue eso lo que me despertó.
Fue Amelia.
El peso tibio de su cuerpo a mi lado, la forma en que su piel parecía buscar la mía incluso dormida, como si me reconociera sin necesidad de abrir los ojos. Su respiración era lenta, profunda, constante; un ritmo suave que rozaba mi