POV. Adrian
—Por eso no te preocupes, cariño. Para eso me pagas a mí —dijo Sylvie, y pude oír la sonrisa en su voz, afilada, segura—. Yo soy tu cabecilla. Tú solo tienes que sonreír para las cámaras, parecer el hombre devoto y familiar que eres, y escuchar todo lo que yo te diga. Déjame el resto a mí.
Me quedé en silencio, escuchando cómo el plan se desplegaba sin pedir permiso.
—Ya he preparado un comunicado de prensa —continuó—. He contactado con un periodista amigable de The New York Times p