POV. Amelia
La mano de Adrián en la mía era un ancla en medio de la tormenta. Sus dedos se entrelazaban con los míos con una firmeza serena, y esa simple presión lograba algo que yo no había conseguido en horas: respirar un poco mejor.
Avanzamos por el pasillo del hospital, con Teresa caminando a nuestro lado. El lugar parecía alargarse frente a nosotros, luces blancas, pasos lejanos, voces apagadas que no terminaban de existir. Todo conducía a la pequeña sala de reuniones donde nos esperaba lo