POV. Adrian
Desperté antes que ella.
No porque el sol se filtrara por las cortinas de lino ni por el murmullo constante del mar golpeando la orilla, sino por esa sensación extraña —nueva— de plenitud que me oprimía el pecho. Amelia dormía a mi lado, de espaldas, el cabello desordenado sobre la almohada, la respiración tranquila, ajena a todo lo que su sola existencia había cambiado en mi mundo.
La observé durante largos segundos, casi con reverencia.
Ahora era su esposo, sin la sombra constante