POV. Amelia
No recuerdo en qué momento empezamos a perdernos el uno en el otro. Solo sé que sus labios nunca dejaron los míos mientras retrocedíamos hasta la cama, como si el mundo se hubiera reducido a ese espacio mínimo entre su boca y la mía.
Apoyé la frente contra la suya. Nuestras narices se rozaron apenas. Podía sentir cómo su autocontrol vibraba bajo la piel, frágil, al límite, y esa conciencia me hizo latir más fuerte.
Adrian me besaba con una mezcla peligrosa de control y rendición, co