POV. Amelia
El mundo se convirtió en un borrón de luces neón y aceras grises. Las palabras de Adrian no eran solo una advertencia; eran una sentencia de muerte susurrada al oído, una bomba de relojería que acababan de activar en el centro de mi vida. Me subí al coche de Sylvie, el cuero frío y lujoso un contraste brutal con el fuego que ardía en mi pecho. La maleta que había empacado con tanta urgencia yacía a mis pies, un símbolo patético de la vida que estábamos abandonando.
El conductor, al