POV. Amelia
La oscuridad no fue un vacío. Fue un líquido espeso y cálido, un retorno a un estado anterior a la conciencia, anterior al miedo. No había tiempo, no había dolor, solo una quietud aterradora. Pero mi cuerpo, traicionero, comenzó a luchar por volver. Primero fue el sonido, un zumbido lejano como el de un insecto molesto. Luego, el olor. A humedad, a metal frío y a un desinfectante barato que me recordó a los hospitales, pero sin la esterilidad. Era el olor de la suciedad clínica.
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