POV. Adrian
La casa de la costa, que debía ser nuestro santuario, se sentía como un mausoleo. El aire, salado y fresco, no lograba limpiar el olor a miedo que impregnaba cada rincón. La familia de Amelia estaba apiñada en el salón principal, sus rostros pálidos y marcados por el shock. Ana, la madre de Amelia, lloraba silenciosamente en el sofá, mientras Suzie intentaba consolarla y Thomas daba vueltas por la habitación como un león enjaulado, su mirada arrojando dardos de acusación hacia mí ca