POV. Adrian
—Nos disculpan un momento —anunció Sylvie, con una cortesía tan impecable como afilada—. El señor Volkov y yo debemos tratar un asunto en privado.
Su tono, elegante y firme, cayó sobre la mesa como una sentencia. Las conversaciones se apagaron al instante. Los hombres intercambiaron miradas breves, diplomáticas, antes de asentir con esa complicidad silenciosa que se da entre tiburones cuando huelen sangre.
No me dio margen para reaccionar.
Sus dedos se cerraron alrededor de mi brazo