POV. Amelia
El taxi me dejó frente a la imponente puerta de la mansión y, por un instante, me quedé sentada sin moverme. La fachada blanca, perfecta, casi intimidante, parecía intacta, ajena al terremoto que llevaba dentro. Todo lucía igual. Sereno. Ordenado. Como si el mundo no acabara de inclinarse bajo mis pies.
Pagué, bajé del taxi y el sonido de la puerta al cerrarse resonó más fuerte de lo normal en el aire tranquilo de la tarde. La casa estaba en silencio, casi pacífica. Betty y mi madre