POV. Amelia
El aire del mar se sentía como un bálsamo y, al mismo tiempo, como una advertencia silenciosa. Caminábamos por el puente de madera que se adentraba en la oscuridad del agua, y el único sonido que nos acompañaba era el de nuestras pisadas acompasadas y el susurro constante de las olas rompiendo suavemente bajo nosotros. La noche era clara; la luna se reflejaba en la superficie del mar como una promesa frágil.
La chaqueta de Adrian descansaba sobre mis hombros. Me quedaba un poco gran