Al acudir al llamado de Jane, me recibió con una gran sonrisa maliciosa, pude oler azufre en el aire, pues me parecía que esa mujer del infierno se había escapado.
—Desde ahora serás mi sirvienta personal, Massimo lo ha autorizado, estoy muy agotada, quiero relajarme, y como me duelen los pies, tú vas a masajear, así que ve y trae lo necesario, alguna bandeja con agua caliente y hierbas aromáticas, y los aceites necesarios, tienes diez minutos para traerlos u ordenaré que te encierren sin come