PUNTO DE VISTA DE TERESA
Me desperté con Lucía de pie junto a mi cama, mirándome fijamente, con su conejo de peluche apretado en una mano y los ojos enrojecidos de tanto llorar.
—¿Mami? —Su voz era diminuta—. ¿Ya despertó papá?
Me incorporé rápidamente, con la cabeza latiéndome por la cerveza y la falta de sueño, y la subí a la cama conmigo.
—Aún no lo sé, cariño. El hospital no ha llamado.
Se metió en mi regazo aunque ya estaba quedándose grande para eso y me rodeó el cuello con los brazos,