PUNTO DE VISTA DE MARCOS
Unos días después de presentarme en el apartamento de Belén con vino y comida china, volví a mi rutina habitual: recoger a Mateo del colegio, esperar fuera de las puertas junto a los demás padres mientras intentaba no mirar el teléfono cada treinta segundos para ver si Belén me había escrito.
No lo había hecho. Habíamos estado mandándonos mensajes de forma intermitente desde esa noche —memes tontos, quejas sobre el trabajo, nada serio—, pero me sorprendía a mí mismo bus