PUNTO DE VISTA DE TERESA
Me desperté con el sonido de risas.
Por un momento, aún atrapada en ese espacio brumoso entre el sueño y la consciencia, pensé que estaba soñando. Pero entonces lo escuché de nuevo: la risa brillante y burbujeante de Lucía, esa que me apretaba el pecho de tanto amor que sentía por ella.
Y debajo, una voz más grave. La de Rafael, cálida y divertida.
Me incorporé en la cama de la habitación de invitados, apartándome el pelo de la cara e intentando orientarme. El ático de