146: En todas partes.
Sin dejar de mirarse, los corazones de ambos latieron de prisa y al unisonó, y sin que ninguno lo dijeran, desearon solo un poco más de aquello, solo un poco más, aunque aquel paraíso, no fuese a durar demasiado.
La noche había caído enteramente sobre la ciudad, cubriendo con su manto de penumbras cada calle, avenida o rincón de Palermo.
No se escuchaba una sola alma, las calles estaban casi enteramente desiertas y solo algún par de ocasionales amantes que se ocultaban en la oscuridad para entr