178: El hombre de la reina.
—Vamos con ella, no voy a creer que ella se ha ido hasta que lo compruebe con mis propios ojos —
Arthur asintió.
En aquella cabaña irlandesa, las luces de una ambulancia y de las patrullas de policía, iluminaban la oscuridad. Algunas personas curiosas, a pesar de no estar tan cerca, intrigadas, se habían acercado a la propiedad.
—Dicen que entraron a robar, aunque yo no escuche nada, pobre, recibió un disparo en el pecho, al menos eso escuche que dijo el paramédico —
—Es extraño que pasen estas