181: La felicidad de la reina.
—Te ves hermosa mi niña, se que tu madre nos está acompañando, y yo, no podría estar más orgullose de la maravillosa hija que tengo —
Con aquellas palabras, Gerard ofrecía su brazo a su hija para juntos caminar hacia el altar que se había montado en los jardines de la mansión Lancaster.
Después de aquella irreparable perdida que para siempre había marcado los corazones de los amantes, Enzo había sido sometido a un escandaloso juicio en donde todas las verdades habían salido finalmente a luz sie