Mi vista se enfocó lentamente en la mesita al lado de la cama. La habitación estaba apenas iluminada por la tenue luz que provenía de la lámpara de noche, y aquella penumbra le daba al espacio un aire casi irreal, como si estuviera atrapada en un sueño del que todavía no terminaba de despertar.
No había ningún tipo de sonido a mi alrededor. El silencio era tan absoluto que podía escuchar el leve zumbido de la electricidad recorriendo la lámpara y el propio latido de mi corazón, que aún golpeaba