Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj de la oficina me parecía un pequeño verdugo. Cada tic-tac sonaba más fuerte que el anterior, como si el tiempo se burlara de mi ansiedad y se estirara a propósito. Esperaba a Luciano. Solo pensar en él revolvía todo dentro de mí: el pecho se me llenaba de una mezcla rara —ansiedad, una ternura inquietante y una calma extraña que no recordaba haber sentido en años—. Era como si,







