93. Aturdidos
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Jazmín no supo cómo logró llegar a casa. Los recuerdos eran borrosos, como si su mente se hubiera apagado en automático después de ver a Nathaniel marcharse esposado. Cuando abrió los ojos, ya estaba allí… de pie en la entrada, con las manos frías y la ropa arrugada.
Leonardo la recibió. Su pequeño estaba descalzo, con su pijama de dinosaurios arrugada y los rizos despeinados por la siesta. Aun así, su rostro mostraba una preocupación demasiado grande para alguien tan pequeño.
—¿Estás bien,