108. Fuego y dolor
108
Jazmín estaba en calma, esperando el momento justo.
Connie contaba el dinero con una sonrisa arrogante, confiada, sin notar que Jazmín no estaba atada del todo. Las esposas, puestas al frente, le daban una falsa sensación de control.
De repente, Jazmín se acercó a Leo y, en un susurro cargado de urgencia, le dijo:
—Leo, cuando te diga que corras, lo haces. ¿Entiendes?
El niño asintió, con los ojos grandes de miedo y dolor.
Connie, distraída, seguía contando billetes, sin percibir el peligro