36. El león herido
Capítulo 36
La sala de juntas del piso 48 de Luther Enterprise estaba sumida en un silencio que cortaba la respiración. Solo el tictac del reloj y el lejano rugido del tráfico rompían la tensión del aire.
Los directivos —hombres de experiencia, algunos con canas bien peinadas y trajes de corte clásico— se removían en sus sillas, incómodos. Las palmas sudaban. Nadie se atrevía a hablar.
Nathaniel Luther, con el ceño fruncido, observaba el archivo sobre la pantalla como si pudiera hacerlo arder c