35. Ecos de porcelana y silencios rotos
Capítulo 35
La tarde era templada y en el invernadero de la mansión Ravencroft flotaba el dulce aroma de jazmines recién florecidos. El té humeaba en tazas de porcelana con bordes dorados, dispuestas con precisión sobre la mesa de cristal.
Jazmín, con su bata de seda azul oscuro y las ojeras apenas disimuladas con un leve toque de maquillaje, removía su té sin mucho ánimo. A su lado, Rose degustaba con placer una pequeña rebanada de pastel de lavanda. Elías, aún en ropa de hospital, lucía cansad