Madeline.
El silencio en esta habitación se siente asfixiante.
Mis pensamientos han sido un torbellino desde que hablé con Enzo. Sus palabras aún resuenan en mi cabeza, duras y filosas como una daga. Me obligó a ver la realidad de una forma en la que nunca antes lo había hecho. Me obligó a enfrentar el hecho de que aún estoy viva.
Pero algo no está bien.
Dorian entra a la habitación con su habitual expresión tranquila, aunque algo en su mirada me dice que está evaluando cada uno de mis movimien