Madeline.
El bisturí temblaba en mis manos, la hoja afilada reflejaba la luz tenue de la habitación mientras la presionaba contra mi propia piel. Un simple movimiento y todo acabaría. No más dolor. No más traiciones. No más pesadillas.
Mis latidos eran frenéticos, ahogaban mis pensamientos. No sabía dónde estaba, no entendía nada. ¿Cómo podía confiar en que esto no era otro de los juegos macabros de Freya? Quizá solo estaba alargando mi sufrimiento.
Un nudo ardiente se formó en mi garganta cua