A través de la ventanilla del carruaje, apenas iluminada por la tenue luz de la luna, vi a lo lejos cómo Enzo se transformaba en su forma de lobo.
Su pelaje oscuro como la noche brillaba bajo la lluvia mientras emprendía su camino hacia el bosque, alejándose de mí sin mirar atrás.
El carruaje siguió avanzando hacia el castillo, pero yo apenas sentía su movimiento.
Mi corazón pesaba demasiado.
Lloraba en silencio, desgarrada por la discusión que habíamos tenido.
Las palabras de Enzo retumbaban e