en el castillo de la manada Luna Roja, la violencia estallaba.
Dante, incapaz de tolerar la insolencia de nadie —y mucho menos de Freya, a quien siempre había visto como un objeto de su propiedad—, la sujetó brutalmente del cabello. Sin piedad, le propinó un puñetazo que la lanzó contra el suelo.
—¡Te pregunté qué fue lo que hiciste! —bramó fuera de sí—. ¡Habla, estúpida!
Freya, con la mejilla ensangrentada y los ojos llenos de odio, apenas podía ponerse de pie.
—¿Me golpeas por esa basura a qu