El templo sagrado no era lo que había imaginado. No era un edificio solemne de piedra gris y ventanales enormes. Era más bien un conjunto de construcciones elegantes, abiertas, rodeadas de jardines y fuentes, como si la misma Luna hubiera decidido crear un refugio para su elegida en medio de la naturaleza.
Me sentí más tranquila apenas crucé el umbral. La energía allí era distinta… suave, serena, poderosa, pero sin imponerse. Dorian me dejó a cargo de las sacerdotisas lunares, mujeres de todas