Isla caminó hacia el estudio de Leonardo con una delicada copa de cristal de vino tinto, moviendo las caderas con confianza y expectación.
Había pasado casi una hora preparándose: el cabello suelto, tal como le gustaba a Leonardo, el perfume impregnando su piel, los labios con un brillo seductor. Tenía la intención de «celebrar» con él después del evento.
Sus tacones resonaron suavemente contra el suelo de mármol.
Justo al llegar a la puerta, oyó una voz en voz baja desde dentro.
Daniel.
El sec