Valeria cerró la puerta de su habitación con llave en cuanto entró, con las manos temblando de rabia y humillación. Se paseó por la habitación, murmurando en voz baja sobre Emilia, sobre la terca lealtad de Mateo, sobre cómo nada salía según sus planes. Finalmente, cogió el teléfono de la mesa y marcó a Isla con dedos temblorosos. La llamada se conectó al segundo timbre.
"¿Qué quieres?", espetó Isla de inmediato, con irritación, como si ya presentiera el fracaso.
Valeria tragó saliva con dificu