85. Recuperar lo perdido
Kaien terminó de esparcir la crema sobre la mejilla inflamada de Medea. Dejó el tubo en la mesa de noche y luego posó en ella una mirada llena de enojo.
—¿Por qué no me lo contaste antes? —recriminó—. Lo que hacía Mirka.
—Temía que no me creyeras —confesó con la vista clavada en el suelo—. Era tu amiga de toda la vida y yo...
—Eres mi esposa —la interrumpió, estrechándole las manos—. Tenías que hablar conmigo. Se supone que entre nosotros hay confianza.
—Quise que lo comprobaras por ti mismo —r