84. Cruel engaño
Elian llegó por fin a la vieja cabaña donde mantenía oculta a Saphira. Apenas detuvo el coche, bajó apresurado y golpeó la puerta con tres toques secos y fuertes.
—¡Ya voy! —chilló una voz femenina al otro lado.
Saphira apareció segundos después, sonriendo al verlo. Esa sonrisa se le borró cuando notó la expresión de él. Elian frunció el ceño; cada vez que la veía, parecía más deteriorada… como si en cualquier momento no fuera más que piel y huesos. Pero apartó esa idea de inmediato.
Sin darle