39. Corazón de madre
—La prensa sigue afuera de la clínica —informó Rogelio con un suspiro agotado—. ¿Qué hacemos? ¿Esperamos un poco más o salimos por la puerta de emergencia?
—No, prefiero descansar un rato —respondió Medea, acomodándose en una de las sillas de la sala de espera—. ¿Puedes traerme un café frío? Que esté bien dulce, por favor.
—Por supuesto, quédese aquí —asintió él antes de alejarse.
El hombre que la acompañaba se sentó en el extremo opuesto de la fila, observando con atención todo a su alrededor.