Patrick era la elegancia misma personificada. Lo sé, puede que crean que exagero pero digo la verdad. Parecía un ángel, o mejor dicho, el demonio más hermoso del infierno. Caminaba y vestía como si de un modelo se tratara y hablaba hasta por los codos.
Comenzó a saludar a todos y, cuando se detuvo frente a su hermano, sus ojos chocaron con los míos. Apartó la mirada, pero al instante la regresó y alzó las cejas con sorpresa.
—A ti te conozco —dijo entonces.
—No creo. —murmuré intentando disimu