Iker
Salí de ese consultorio más perdido que antes, con muchas dudas y emociones encontradas.
Todo lo que yo había creído parecía ser irreal ahora. Entonces ya no sabía quién era Adanna, ni el alfa William, ni lo que había construido en todos estos años en Luna de Acero.
Todo era tan extraño, tan difícil de asimilar, pero, al mismo tiempo, nada era certero; solo eran meras teorías, suposiciones sobre mitos que no tenían pruebas. Entonces estaba como al principio: en cero, no sabía qué le pasaba