Adanna
Tras despedirnos del alfa, salimos de la sede principal. Dos guardias nos trajeron nuestros caballos, pues ellos se los habían llevado para ponerlos en una caballeriza que había en este sitio.
Antes de subirme, una mujer me interceptó y me miró directo a los ojos. Ella era hermosa, misteriosa, con una apariencia que captaba la atención.
Quizá era por el brillo de sus ropajes con detalles dorados o por el velo que le cubría parte del cabello —pero no el rostro— y que era transparente, con