Adanna
Ya era de tarde cuando nuestros caballos pisaron los territorios de la manada Garras de Oro. Lo primero que encontramos, después de cruzar un vasto bosque, fueron unas murallas enormes, rodeadas por muchos guardias, mostrando un gran imperio.
Sentí un escalofrío en todo el cuerpo y los vellos se me erizaron.
Con razón esta manada era respetada tanto como la nuestra y había sido difícil mantener la paz con ella, pues eran tan poderosos que tenían la seguridad de conquistar incluso una man