Iker
Yo estaba sentado sobre la cama mientras observaba esa habitación. Se sentía vacía, inadecuada, profanada. Apreté los puños y me mordí el labio inferior de impotencia.
—Cariño, ya estoy lista —escuché decir a Isa desde el baño.
De inmediato, me acosté en la cama, luego me arropé y fingí que estaba dormido.
—¿Iker? —me reclamó al verme con los ojos cerrados, supongo que al notar que estaba supuestamente dormido—. Mi amor, debemos tener un heredero.
La sentí acercarse. Su aliento chocó con