La oscuridad cayó sobre el hospital como una manta húmeda.
Pesada.
Sufocante.
Lila apenas podía distinguir las siluetas de Adrian y Elena frente a ella. Solo sus respiraciones confirmaban que seguían allí.
Y aun así—
Algo más respiraba con ellos.
—
A lo lejos, una puerta chirrió lentamente.
Luego otra.
Y otra más.
—
Seis.
—
Lila apretó el arma con fuerza.
—Las puertas… —susurró—. ¿Qué quiso decir con “abrimos seis”?
—
Nadie respondió enseguida.
Porque los tres ya conocían la respuesta.
—
No hab