El nuevo Ayo no retiró la mano del expediente.
Y ese fue el punto exacto donde el caso dejó de comportarse como un sistema cerrado.
No hubo alarma.
No hubo interrupción.
Solo una sensación progresiva de pérdida de estructura, como si la realidad estuviera dejando de sostenerse en una sola versión estable.
El expediente reaccionó al contacto como si fuera una instrucción final… pero no eligió una sola ruta.
Eligió ambas.
Ayo lo sintió inmediatamente.
No como observador externo, sino como parte r