Elena Voss siempre había vivido entre sombras. No de las que oscurecían las calles de la ciudad, ni de los rincones ocultos de los pasillos de la corte, sino de las que habitaban en los ojos de quienes la miraban. Hoy, sin embargo, esas sombras eran diferentes. Eran más densas, más pesadas, y llevaban consigo un recuerdo que ninguna tinta, ningún trazo, podría borrar del todo.El penthouse estaba silencioso cuando entró. La luz de la ciudad se filtraba por los ventanales, reflejándose en los cristales como diamantes dispersos en un mar de oscuridad. Elena se movía con cuidado, su cámara y sus lápices colgados del hombro, lista para captar la escena que sería su siguiente obra maestra. Nunca había imaginado que aquella obra no sería para un tribunal ni para un periódico, sino para los secretos más oscuros de su propia mente.Todo parecía en orden. El sofá moderno estaba intacto, las copas de cristal alineadas sobre la mesa, las luces del sistema de seguridad apagadas. Pero algo vibraba
Leer más