La puerta que no debería haberse abierto
La lluvia había cesado, pero la ciudad seguía húmeda, como si no pudiera decidir si perdonar la noche o no.
Ayo permaneció de pie frente al edificio durante mucho tiempo antes de entrar.
El mismo lugar. La misma entrada. El mismo azulejo agrietado junto al puesto de seguridad que siempre parecía a punto de tragarse el pie de alguien desprevenido.
Pero esta vez algo era distinto.
No del tipo de diferencia que se puede explicar. De la que se siente en los