El silencio no era un buen compañero, se sentía atormentada de pronto como se había atrevido a seducir a su paciente en que estaba pensando…
Se dejó caer sobre la cama y se cubrió con las sábanas. Estaba avergonzada, tenía roja como un tomate y empezaba a darse cuenta que esto era una locura. Casarse con él, darle un hijo mediante tratamientos médicos, cumplir todos sus requisitos solo para no sentirse derrotada.
Ese arrogante hombre la había retado, y no una vez si no en repetidas ocasiones.