Conan estaba hirviendo, su cuerpo semidesnudo, cubierto solo por una camiseta, no había rastro de heridas, su carne era perfecta como siempre la recordaba. Sus brazos fornidos, su cuerpo estaba empapado e hirviendo en sudor, tembloroso.
Con compresas de agua intentaba bajarle la fiebre,
—Nunca haba visto a un Imperión tan enfermo. —Comento Kenia cuando entro a dejar agua limpia
—Deben tener algún remedio, ¿es que nunca enferman?, cualquier lobo puede enfermar
—No nosotros —afirmo Derek—, los Im