Un hombre parecido a un doctor llegó a la habitación donde estaba Eloísa, le revisó los signos y le quitó el catéter que tenía en la mano, y por más que intentó comunicarse con él el hombre pareció ni siquiera escucharla.
—Ni pierdas tu tiempo —le dijo Lucía recostada en la pared mirando las pirámides —no hablan español o al menos fingen no hacerlo —Eloísa se acarició la pierna donde el cuchillo de Walter se enterró y sintió un escalofrío solo de recordarlo.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó a la